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  • LUNES 24 DE JULIO DE 2017
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  • Vladimir Galeana.Opinión
  • OPINIÓN / LA COYUNTURA/Vladimir Galeana

    México es un país en el que los funcionarios públicos se dicen honrados por servirlo, aunque muchos de ellos lo deshonran. Y es que la administración pública se ha convertido en el mejor negocio para conseguir en el corto plazo una fortuna. Claro está que hacerse rico de la noche a la mañana, solamente se puede lograr siendo corrupto o robando. Cuando alguien roba, dispone de algo que no es suyo o utiliza ese bien en su beneficio personal.

    Hay muchas formas de robar, y en la administración pública llamamos a eso corrupción, que no es más que la asociación entre dos o más personas para apropiarse del dinero de los mexicanos por distintas vías, y la mejor es hacer negocios al amparo del poder. Pero hay quienes se han dedicado a disfrutar del dinero público sin necesidad de robar, de hurtar o de corromperse, y para eso sirven las leyes y reglamentos internos en las dependencias gubernamentales.

    Citaré un solo ejemplo del robo descarado y cínico que comete todos los días esa caterva de senectos que conforman la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Sí, esos ministros que roban impunemente nuestro dinero simplemente porque tienen que alejarse de las tentaciones de la corrupción. Ellos ganan entre 483 mil, y 506 mil pesos cada mes.

    Y no es que tengan mayores merecimientos que el Presidente de la República, a quien la Constitución señala como quien debe ganar más, pero ellos consideran que por tener autonomía de decisiones y ser un poder distinto, pueden ponerse el salario que les venga en gana. Por esta razón nuestra senecta clase judicial también decidió que ganarían más de noventa por ciento que los jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos, porque hasta entre los ministros hay clases.

    Para que usted conozca la mendicidad de esta caterva de ancianos, en 1995 quienes integraban la Sala Superior de la Corte se redujeron de 21 a 11, y aunque muchos de los que salieron llevaban solamente nueve meses en el cargo, se pensionaron con más de 250 mil pesos por mes, con derecho a dos asistentes y a un vehículo oficial ¿Es justo esto en un país donde más de 60 millones de mexicanos tienen ingresos de subsistencia, y 20 millones comen una o dos veces al día?

    Y lo peor es que todavía les pagamos gastos de representación. Esto quiere decir que cuando van a restaurantes a degustar buenas viandas y los más caros vinos, o salen de vacaciones, somos nosotros quienes pagamos por sus cuentas. Esas son las injusticias de la justicia. Quien sea que elijamos de Presidente de la República, lo primero que tiene que hacer es jurar no corromperse y bajar los ofensivos salarios de los ministros de la Corte. Al tiempo.

    vladimir.galeana@gmail.com

    BPG

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