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  • DOMINGO 25 DE JUNIO DE 2017
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  • Vladimir Galeana.Opinión
  • OPINIÓN / LA COYUNTURA/Vladimir Galeana

    Tuvieron que pasar muchos años para que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinoza, entendiera que no se puede tapar el sol con un dedo y que la Ciudad de México alberga desde hace muchos años a los principales líderes del crimen organizado.

    La aprehensión de Dámaso López en una de las calles más transitadas de la colonia Polanco puso en evidencia la facilidad con que los delincuentes se mimetizan con los vecinos.

    Y no es una casualidad que se haya logrado la aprehensión del sucesor de Joaquín Guzmán Loera al frente del Cártel de Sinaloa. Fue un verdadero trabajo de inteligencia para evitar un enfrentamiento armado de funestas consecuencias para muchas personas.

    Pero también colocó en su lugar al señor Mancera que negaba la presencia de los capos en la capital del país, aunque ahora para justificarse le haya dado por imaginar un santuario económico del narco.

    Dejando de lado al señor Mancera que mucho tiene que pensar en la forma de ocultar su ineficiencia, pareciera que la delincuencia comienza a desbordarse a causa de esa maldita impunidad que han provocado la ineptitud de nuestros policías y la falta de compromiso de los gobernadores y munícipes con el problema de la criminalidad.

    En un lamentable suceso más, la tragedia se presentó en la autopista México-Puebla después de la caseta de San Martín Texmelucan, donde sujetos hasta ahora desconocidos asaltaron a una familia, hirieron al conductor, asesinaron a un niño de dos años y violaron a una madre y a la hija antes de huir al amparo de la noche. El herido padre tuvo que pedir auxilio hasta la caseta porque al parecer nadie se enteró o se dio cuenta de la tragedia.

    No sé en qué hayan estado pensando los hombres y mujeres que decidieron abolir la pena de muerte en este país, porque desde entonces las cárceles se han llenado de seres atávicos y peligrosos que cargan en su haber muchas muertes y que están dispuestos a todo con tal de satisfacer sus bastardos deseos. ¿Qué peligro pudo haber representado ese niño de dos años para que un sujeto haya considerado que merecía morir de un par de balazos? ¿De verdad vale la pena aprehenderlo y mantenerlo el resto de su vida encerrado y con el peligro latente de que intente asesinar a otros?

    ¿Por qué tenemos que pagar por ropa, comida, atenciones médicas e instalaciones hasta que cumpla su condena cuando demostró ser una escoria de la sociedad? ¿Acaso fue una hazaña matar a un niño de dos años?

    Creo que los momentos de agobio que vive este país nos tienen que motivar a analizar muchas cosas que tenemos que cambiar. Alguien dijo que los animales no tienen derechos humanos, y creo que después de esta tragedia muchos estarán de acuerdo. Al tiempo.

    Vladimir.galeana@gmail.com

    BPG

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