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  • VIERNES 21 DE JULIO DE 2017
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  • Columna Eduardo Ruíz
  • OPINIÓN/COLUMNA/ Eduardo Ruiz-Healy

    Qué vienen los rusos, Que vienen los rusos (The Russians are Coming, The Russians are coming) es el título en español de una película estadounidense del año 1966 que de manera cómica narra las peripecias de los tripulantes de un submarino soviético que encalla en un pequeño puerto de Nueva Inglaterra y de los habitantes del lugar que creen que están siendo invadidos por los comunistas.

     

    La comedia tiene un final feliz, situación que raramente ocurrió en las siempre tensas relaciones que desde 1945 a 1991 existieron entre Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS) y, desde 1992 a la fecha, entre Estados Unidos y la Federación Rusa que substituyó a la extinta URSS.

     

    En los años de la Guerra Fría el temor de estadounidenses y soviéticos era ser atacados por misiles nucleares del bando contrario o, mínimo, que su país fuera invadido por las tropas del enemigo.

     

    Afortunadamente nunca ocurrió un enfrentamiento entre las dos grandes potencias nucleares ya que ambas decidieron enfrentarse indirectamente, apoyando con dinero y armas a los diferentes países, que abierta o simuladamente, fueran sus aliados. Hoy, a pesar de que sigue vigente la amenaza de una guerra nuclear que seguramente acabaría con nuestra civilización, la pugna entre ambas potencias se está desarrollando en el ciberespacio, donde cada una de las partes trata de afectar la realidad de la otra interviniendo los sistemas computarizados que controlan casi todos los aspectos de la actividad humana.

     

    Los estadounidenses seguramente intentan, y a veces lo logran, intervenir y, si el caso lo amerita, afectar los sistemas de transporte, de distribución de energía eléctrica, de transacciones financieras, de comunicaciones de los rusos y de otros países amigos y enemigos. También los rusos hacen lo mismo en todo el mundo y es muy probable que un buen número de gobiernos lo hagan si es que tienen los recursos económicos, tecnológicos y humanos para lograrlo.

     

    Varios gobiernos, entre ellos los de Estados Unidos, Holanda y Francia, han denunciado al de Rusia de intervenir en sus procesos electorales con el fin de debilitar a aquellos candidatos que no son del agrado del presidente Vladimir Putin, quien está decidido a crearle problemas a sus enemigos en el exterior mediante el hackeo de sus sistemas cibernéticos que debido al Internet son más vulnerables que nunca.

     

    México le presenta al gobernante ruso una gran oportunidad para generarle un inmenso problema a Estados Unidos. Si logra manipular la elección presidencial del año entrante para que triunfe el populista nacionalista Andrés Manuel López Obrador, se asegurará de introducir una piedra en el zapato de Trump y quien lo suceda en el poder hasta 2024, por lo menos. A los gringos no les conviene nada tener de vecino a una versión mexicana de Nicolás Maduro.

     

    En conclusión: ¡Cuidado con los rusos y su hackeo!

     

    ruizhealy@capitalmedia.mx

     

    @ruizhealy

     

    eruizhealy

     

    BPG

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