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Cultura

A 114 años del nacimiento de Frida Kahlo

Frida Kahlo (1907-1954) empezó a construir su mito cuando tomó por primera vez el pincel y alejó de la mente sus miedos.

Con su personalidad y sus trazos se convirtió en un hito del arte latinoamericano del siglo veinte, rebasó su propia obra y brilló tras la sombra de su compañero el gran Diego Rivera, quien tras cincuenta años de su desaparición está tan vivo como cuando contribuyó a dar a conocer el muralismo al mundo entero.

Frida Kahlo enfrentó a la adversidad y a un destino que minó lentamente su existencia. Desde el primer día de vida, el 6 de julio de 1907, hasta su muerte el 13 de julio de 1954, los muros de la Casa Azul de Coyoacán fueron testigos de sus ilusiones y padecimientos.

En aquel lugar, transformado en museo desde 1958, la tercera de cuatro hijas del matrimonio de Matilde Calderón y el fotógrafo de origen judío húngaro Guillermo Kahlo, halló la sensibilidad artística, supo de los conflictos de su país y experimentó el sufrimiento cuando a los seis años contrajo la poliomielitis que adelgazó su pierna derecha.

El legado de Frida Kahlo

Su padre le enseñó a manejar la cámara fotográfica, revelar, retocar y colorear. Sin embargo ella optó por la medicina, se matriculó en la Escuela Nacional Preparatoria donde vio por primera vez a Diego Rivera con quien compartió su vida y formó parte de Los Cachuchas, grupo interesado en la literatura y en las ideas social nacionalistas.

Sus sueños se interrumpieron con el accidente que a los dieciséis años marcó su vida, la llevó a ser objeto de 32 operaciones y la encaminó al arte. Siempre recordaba aquel día trágico cuando chocó el bus en el cual viajaba. Cubierta de yeso realizó sus primeras obras, como aquella en la que aparece una camilla, su cuerpo vendado y a un lado la Casa Azul.

Un matrimonio feliz

A comienzos de los años veinte buscó a Rivera para mostrarle su trabajo. Se casaron el 21 de agosto de 1929, y a los pocos meses se instalaron en Estados Unidos donde él pintó murales en San Francisco, Detroit y Nueva York hasta su regreso a México en 1933.

A los dos años volvieron a Nueva York donde Frida presentó en 1938 su primera exposición individual, en la Julien Levy Gallery, con obras como Mi nodriza y yo (1937) en la cual se trazó con cara adulta y cuerpo de bebé, en brazos de una nodriza-diosa y el rostro de la mujer cubierto con una máscara teotihuacana, sugiriendo un símbolo indígena y volcando su atracción por lo autóctono y por su ascendencia, pues su abuelo materno era un indio de Michoacán.

De Coyoacán a París

Sus trabajos también fueron a París. Marcel Duchamp la hospedó en su casa y le ayudó a preparar la primera muestra europea. Después exhibió diecisiete cuadros en la Galería Renou et Colle de la Ciudad Luz, con el auspicio de André Breton quien los calificó de surrealistas.

En ellos se advertía ya su interés por lo social, lo indígena y la Revolución. Se sumergió también en la vida, como lo hizo con El abrazo de amor entre el universo, la Tierra, yo y Diego (1949) en que el bebé con cara de adulto y el Tercer Ojo de la Sabiduría es Rivera, y ella se mostró como signo de un abrazo maternal.

Ahí se advierte la misma tristeza habitada en Las dos Fridas (1940) en la cual expresó el desdoblamiento de su personalidad. Así mismo creó trabajos particulares como Cortándome el pelo tras su separación (1940) cuando se vistió de hombre y se cortó el cabello que tanto le gustaba a Rivera. El atuendo masculino lo había usado en los años veinte. Diego le sugirió sustituirlo por trajes de mestiza o indígena.

Un final de tormentoso para Frida Kahlo

Su amor por el muralista duró hasta su muerte, e incluso Frida volvió a casarse con él en diciembre de 1940. Dos años después fue maestra en la Escuela de Artes La Esmeralda, pero dejó de asistir a causa de su enfermedad.

Sus alumnos se trasladaron a Coyoacán para recibir las clases, y el grupo se redujo a cuatro jóvenes apodados Los Fridos: Fanny Rabel, Guillermo Monroy, Arturo Estrada y Arturo García Bustos, a quienes les enseñó el concepto de geometría, equilibrio y armonía. En esa época (1942) inició su diario en el que dibujó, escribió y manifestó su tormentosa relación con Rivera.

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