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La oportunidad del G-20


Crédito: Foto:Reporte índigo,
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17 de Marzo 2017
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La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hizo del eje comercial el nuevo centro de la relación bilateral entre México y Estados Unidos.

Sin embargo, la intención declarada de la administración de Donald Trump de alterar el status quo en materia migratoria, comercial y de seguridad han redefinido las reglas no escritas de esta relación.

Jorge Castañeda, secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Vicente Fox, dijo en un programa televisivo de opinión que, en la nueva dinámica diplomática todos los temas están entrelazados.  La relación de México con otros países y la percepción que el mundo tiene de México incide en la capacidad del gobierno para alcanzar sus objetivos de política económica en el exterior.

Esta semana, los dos diarios de mayor influencia en Estados Unidos, The New York Times y The Wall Street Journal, publicaron dos reportajes sobre dos de los mayores problemas de México: la crisis de derechos humanos y el auge de corrupción en los gobiernos estatales.  Ante este golpe mediático, el país cuenta con una oportunidad para mejorar la percepción de la marca México ante la comunidad internacional.

Hoy inicia la reunión de ministros de finanzas y de banqueros centrales del G-20, el foro que reúne a las  20 economías más importantes del planeta. Se espera que el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, utilice esta plataforma para empujar la agenda a favor del libre comercio que ha emprendido el país sede, Alemania.

La visita de Meade, quien también fungió como secretario de Relaciones Exteriores en este gobierno, pretende sumar adeptos a la causa de la globalización inclusiva, el tema del G-20 de este año. México, uno de los países con más tratados de libre comercio en el mundo, busca enfatizar el contraste entre los beneficios que significa la apertura económica y los riesgos del nacionalismo económico, una ideología de tinte proteccionista que se ha convertido en un mantra para algunos de los funcionarios con más influencia sobre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En un momento en el que el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos advierten sobre el ascenso del proteccionismo, la relación comercial entre México y Estados Unidos emerge como la historia de David contra Goliat que marcará el futuro del comercio global.

¿Qué va a hacer Estados Unidos?

El discurso de la administración de Donald Trump en materia de política comercial ha sido poco claro. Recientemente, el secretario de Comercio y el director del Consejo Nacional de Comercio tomaron posturas más favorables respecto a la renegociación del TLCAN. Sin embargo, en los hechos, la única acción concreta de este gobierno reside en la salida definitiva de Estados Unidos del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por su siglas en inglés).

La comunidad internacional espera que Estados Unidos utilice al G-20 como un foro para definir cuál será el enfoque de su política comercial. Hasta el momento únicamente existen señales mixtas.

La semana pasada, el diario Financial Times publicó que al interior de la Casa Blanca existe una división entre los nacionalistas económicos que favorecen una postura con tintes proteccionistas y los promotores del libre comercio que favorecen el status quo.

En este marco, Peter Navarro, el director del Consejo Nacional de Comercio, aseguró que el déficit comercial que Estados Unidos mantiene con China y Alemania representa un riesgo de seguridad nacional.

Las declaraciones de Navarro no fueron bien recibidas en Alemania. Los directores de las principales firmas alemanas acompañaron a la canciller Angela Merkel en su visita a Estados Unidos de esta semana.

La redacción del comunicado del G-20 se ha vuelto un punto de tensión entre Alemania y Estados Unidos. El tema central de la discusión es si debe incorporarse el término “proteccionista” o si el texto debe limitarse a decir que el grupo continuará promoviendo el libre comercio.

Delegación incompleta

Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, ha dicho que la prioridad de la delegación estadounidense en el G-20 será  exigir reglas más estrictas contra la manipulación del tipo de cambio, una devaluación artificial de la moneda doméstica que ofrece una ventaja competitiva a las exportaciones del país.

La prensa estadounidense refiere que Mnuchin, un ex socio de Goldman Sachs forma parte, al menos ideológica, del gabinete económico de la Casa Blanca.

Esto se contrapone al tono de “America First” del presidente Trump, quien ha puesto en tela de juicio el compromiso de Estados Unidos con instituciones de cooperación internacional como el G-20 y la Organización Mundial de Comercio.

La representación estadounidense viajará sin el funcionario que tradicionalmente se encarga de coordinar el G-20, el subsecretario de asuntos internacionales del Departamento del Tesoro.

Apenas el martes, el presidente Trump designó a David Malpass para ocupar este puesto. Malpass quien fue subsecretario en el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro con el presidente Ronald Reagan y el presidente George H.W. Bush, aún debe ser confirmado por el Senado.

En ese sentido, el consenso de analistas argumenta que el futuro de la política económica de Estados Unidos permanecerá prácticamente indescifrable durante el desarrollo del evento del G-20.

Paradójicamente, es en este marco de incertidumbre y de crisis existencial en el que el G-20 toma relevancia, que no se había visto desde la crisis global de 2008.

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