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Roberto O'Farrill
08 de Jul 2021

Ver y Creer

“La Salette”

El 19 de septiembre de 1851, monseñor Filiberto de Bruillard, obispo de Grenoble, manifestó que la aparición “contiene en sí todas las características de la verdad, y los fieles creyentes tienen fundamento para creerla como indudable y cierta”.
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Ver y Creer |

Por: Roberto O’Farrill Corona

En los Alpes franceses, en la aldea de La Salette Fallavaux, cercana de Grenoble, en Francia, a las seis de la mañana del día 19 de septiembre de 1846, se apareció la Virgen María a dos niños pastores de nombre Melanie Calvat, de 15 años de edad, y Maximino Giraud, de 11 años.

Los niños vieron a una señora, sentada sobre una gran roca, con el rostro hundido entre sus manos y llorando con profunda tristeza. Melanie y Maximino estaban atemorizados, pero ella, poniéndose lentamente de pie y cruzando suavemente sus brazos, les llamó y les dijo que no tuviesen miedo, pues tenía importantes noticias que comunicarles. Su apacible elocuencia hizo que los niños se acercaran confiadamente, y que Melanie tuviese la experiencia mística de querer unir su corazón al de la bella Señora.

La Virgen María lucía alta y de apariencia solemne, vestida de blanco con un delantal ceñido a la cintura, del que no podría decirse que era de color dorado pues estaba hecho de una tela, no material, tan brillante como el sol. Sobre sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diversos colores en los bordes. Sus zapatos, blancos, con el mismo tipo de rosas. De su cuello pendía una cadena con un crucifijo.  De ambos brazos de la cruz colgaban, de un lado un martillo, y del otro unas tenazas. Desde la cabeza de María, una corona de rosas emanaba rayos luminosos en forma de diadema. En sus hermosos ojos había lágrimas que rodaban sobre sus mejillas. La envolvía una luz más brillante que el sol, aunque diferente. Les dijo a los jóvenes videntes que la mano de su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciese penitencia y obedeciera las leyes de Dios.

Durante la aparición, mientras que la Virgen le confiaba revelaciones a Melanie, ella podía ver los eventos que le eran narrados. En varias ocasiones, el Cristo crucificado que pendía del cuello de María también le hablaba a Melanie. 

Conocida como Nuestra Señora de La Salette, se trata de una de las apariciones marianas más trascendentales de todos los tiempos, pues la Virgen habla, con mucha anticipación, de cómo la apostasía y la falta de fe se extenderían por el mundo y también en la Iglesia.

Por indicaciones de la Virgen María, Melanie tenía que conservar las revelaciones en secreto, y debería darlo a conocer a las autoridades eclesiásticas doce años después, hasta 1858. Luego, en 1922, el texto completo del secreto fue publicado por el Padre Lepidi, Asistente Perpetuo de la sagrada Congregación del Santo Oficio.

Este largo Secreto tiene la característica de no haber sido transmitido cronológicamente o en orden sucesivo, sino narrado en un estilo cíclico, con las mismas características del libro del Apocalipsis de san Juan, es decir, sobre un mismo fondo que es el Final de los Tiempos, en el que la Virgen María va narrando las diversas visiones.

Algunos de los textos del Secreto son los siguientes:

“Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias”.

“El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir porque en un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa”.

“He aquí el tiempo: el abismo se abre. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres, y todo será renovado. Dios será servido y glorificado”.

La aparición de Nuestra Señora de La Salette cuenta con varias aprobaciones:

El 19 de septiembre de 1851, monseñor Filiberto de Bruillard, obispo de Grenoble, manifestó que la aparición “contiene en sí todas las características de la verdad, y los fieles creyentes tienen fundamento para creerla como indudable y cierta”.

El 7 de septiembre de 1852, el papa Pío IX fundó la Asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette.

El 19 de septiembre de 1855, Mons. Ginoulhiac, nuevo Obispo de Grenoble, expresó que “La misión de los pastores ha terminado, comienza la de la Iglesia”.

Por decreto del papa León XIII, se elevó el santuario de la aparición a rango de Basílica y se decretó la coronación canónica de Nuestra Señora de La Salette, efectuada por el cardenal arzobispo de París, el 21 de agosto de 1879.

El papa Juan Pablo II expresó: “En este lugar, María, la madre siempre amorosa, mostró su dolor por el mal moral causado por la humanidad. Sus lágrimas nos ayudan a entender la gravedad del pecado y del rechazo a Dios”.

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