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Juan Carlos Zepeda
27 de Ene 2021

Artículo

Fuerza moral

Si el Presidente, como todos lo deseamos, sale airoso de este periodo de contagio, regresará con una doble fuerza moral que vendrá a consolidar su posición frente a sus seguidores, en una año electoral muy importante para la 4T.
Fuerza moral

Por: Juan Carlos Zepeda*

El anuncio del Presidente Andrés Manuel López Obrador al dar positivo de Covid-19 desató nuevamente una serie de conjeturas y controversias: a sus críticos les da una razón más para seguir exponiendo las contradicciones, deficiencias y aparentes mentiras con las que han manejado la pandemia y a sus seguidores les dará un motivo más de cohesión y esperanza en salir adelante con optimismo, salud y bienestar.

“La fuerza del Presidente es moral, no una fuerza de contagio”, señaló Hugo López Gatell a mediados de marzo del año pasado. Y remató entonces: “Aunque pase de los 60 años, no quiere decir que es una persona de especial riesgo. Casi sería mejor que padeciera coronavirus porque él, en lo individual, se va a recuperar espontáneamente y va a quedar inmune”.

Veamos lo que está detrás de esta aseveración que hoy cobra especial significado: primero, el Mandatario sí representa una fuerza moral a la que millones de mexicanos siguen sin cuestionar.  A pesar de los malos resultados económicos antes de la pandemia o al manejo de la misma con las consecuencias que ya conocemos, la aprobación en su mandato sigue casi tan alta como en los mejores tiempos de otros sexenios, rondando consistentemente el 60%.

Esta fuerza radica, al parecer, en lo que Max Weber caracterizaba como una legitimidad carismática, entendiendo el carisma como la cualidad personal y extraordinaria “por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrehumanas, o como enviados de dios, o como ejemplar y, en consecuencia, como jefe, caudillo, guía o líder”. En el plano de la política, decía, se han valido de ella los gobernantes por razones de plebiscito y los demagogos sobresalientes.

La entrega al carisma se hace por la fe puesta en el líder, quien “de no resultar un ser miserable, efímero o jactancioso, vive para su obra y son sus cualidades intrínsecas lo que atraen al conjunto de discípulos”. La demagogia moderna se vale del discurso, pero aún cuando abusa de él en cantidades abrumadoras, se sirve también de la palabra escrita como instrumento permanente y de la maquinaria del Estado, siendo esta situación una especie de dictadura basada en la utilización de la emotividad de las masas.

En segundo lugar, el hecho (nada deseable) de que al Presidente (como a muchos otros políticos del país y del resto del mundo) le dé Covid-19, lo humaniza más y genera una reacción de respaldo y solidaridad exhacerbada de quienes lo siguen. Ya el manejo propagandístico que hizo de su periodo de contagio y cuarentena el expresidente Donald Trump fue un claro ejemplo de ello.

Si el Presidente, como todos lo deseamos, sale airoso de este periodo de contagio, regresará con una doble fuerza moral que vendrá a consolidar su posición frente a sus seguidores, en una año electoral muy importante para la 4T. “Como anillo al dedo”, pues, podría decirse con razón en un par de semanas.

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* Maestro en Historia del Pensamiento.

Socio Director de FWD Consultores.

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